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POLÍTICA COMERCIAL VERSUS POLÍTICAS SECTORIALES José Silvério Marques y Orlando
Martínez Ante la desaceleración por la que atraviesa el país, se han levantado voces que reclaman una atención particular al giro de su actividad. Es así como se ha proclamado la necesidad de aplicar políticas sectoriales ya sea para la industria, agricultura, construcción, aun para subsectores particulares, que alivien situaciones específicas. Algunas de estas voces piden para que se aumente la protección arancelaria a sus actividades contra la competencia externa. Este artículo, basado en un Estudio Especial de Synthesis ¿Qué Política Comercial Conviene a El Salvador? (Septiembre 1999), procura clarificar cual debe ser, en la opinión de Synthesis, el papel de la política comercial y de las políticas sectoriales para promover un crecimiento sostenido que favorezca a todos los salvadoreños. 1. Políticas sectoriales En los años 50 y 60, los Gobiernos de varios países latinoamericanos, entre los cuales se contó El Salvador, adoptaron el punto de vista de que era conveniente escoger algunos sectores de la economía cuyo crecimiento y desarrollo debía ser estimulado, porque de esta manera se impulsaría el crecimiento económico general. El sector elegido en la mayoría de los países incluyendo El Salvador, fue el sector industrial. La política industrial era principalmente política comercial: la protección del sector ante la competencia internacional con elevadas barreras arancelarias y otras barreras no arancelarias. Con el argumento de que la protección sería temporal para las empresas nacientes, la protección se mantuvo por 30 años. Estas políticas fueron muy desfavorables para el país. Los resultados van desde un retraso en el desarrollo de un sector industrial competitivo hasta una postergación de otros sectores principalmente el agrícola. Cuando se favorece a un sector, por definición, se desfavorece a todos los demás, incluyendo a los consumidores. La Organización Económica para la Cooperación y Desarrollo (OCDE), de la cual hacen parte la mayoría de los países desarrollados y algunos en vías de desarrollo como México y Corea, en una nota titulada Nuevas Direcciones para la Política Industrial (Policy Brief No.3-1997), dice lo siguiente: Una base industrial doméstica abierta y competitiva es importante para la creación de empleos y aumentar el bienestar... Las políticas industriales nacionales se tornaron (desde mediados de los años setenta) menos efectivas a medida que más empresas adoptaron estrategias globales e hicieron sus inversiones para encontrar oportunidades de mercado e insumos favorables, como trabajo especializado, infraestructura eficiente, y buenos regímenes regulatorios... En parte porque las políticas de que el Gobierno sabe mejor, frecuentemente fracasaron y porque los gobiernos normalmente no son buenos en escoger ganadores ... el foco de la política industrial ha cambiado, el apoyo sectorial se ha reemplazado por medidas que benefician a toda la economía, como son el apoyo a la investigación y la protección ambiental. Como lo dice la OCDE, la política industrial del pasado (caracterizada por favorecer grupos seleccionados a costa de todos los otros), está siendo reemplazada por un política de competitividad industrial (ver Recuadro No.1).
Así, la cuestión no es si el Gobierno debe o no apoyar a los sectores pero sí la forma que toma este apoyo y los costos y beneficios del apoyo, para la sociedad. En realidad, el apoyo del Gobierno a determinados sectores no sólo es justificado sino urgente en algunos casos. Por ejemplo, el Gobierno debe eliminar el tratamiento discriminatorio dado a algunas actividades. Este es, por ejemplo, el caso del sector agropecuario en lo que respecta el IVA. Esta es una propuesta del Gobierno que debe ser apoyada e implementada a corto plazo. El Gobierno debe también fortalecer los marcos institucionales y legales de los varios sectores y reducir el costo de hacer negocios en el país a través de: el desarrollo de la infraestructura económica, incluida la participación privada en su provisión (concesión de puertos y aeropuertos, privatización de agua y alcantarillado); promoción de la competencia en la provisión de servicios financieros; y apoyo a la investigación, desarrollo tecnológico y transferencia de tecnología. Finalmente, el gobierno debe modernizarse y reducir la carga burocrática y sobrecostos que impone a los sectores productivos. Se debe tener en cuenta que si el Gobierno decide no hacer nada, esto también se puede constituir en una forma de apoyo (o discriminación) a determinados sectores. Por ejemplo, si el sistema tributario o los aranceles a las importaciones favorecen ciertas actividades, por definición perjudican a otras. Es importante notar que para Synthesis es totalmente justificado que el Gobierno apoye actividades en que el país tenga claramente una ventaja comparativa y que sufrieron (o aun sufren) discriminación como es, por ejemplo, el caso del café; o en que se pueden desarrollar ventajas competitivas como sería el caso de productos agrícolas no tradicionales, que podrían eventualmente ayudar a resolver el problema de la pobreza rural, o aún el sector turismo con su capacidad de crear empleo y promover el valor agregado doméstico. La clave es que este apoyo tenga un impacto positivo demostrable para el país, que sea transparente, que sea pagado por el presupuesto del Gobierno (es decir por todos los contribuyentes), y que sea entregado de una forma eficiente, si es posible utilizando instrumentos de mercado. Cuando se utiliza política comercial para favorecer algún sector, estos criterios frecuentemente no se cumplen. 2. Política Comercial y Desarrollo El objetivo último de la política comercial debe ser el de incrementar de forma sostenible el nivel de bienestar del país. En el caso del comercio, tanto la teoría como la evidencia empírica señalan inequívocamente que es el libre comercio el que puede ejercer una influencia efectiva para el logro de aquel objetivo. Según la OCDE (Open Markets Matter, Policy Brief No.6-1998), en la última década los países más abiertos registraron tasas de crecimiento que doblaban las de los más cerrados. Es el crecimiento de las exportaciones, con frecuencia a una tasa que dobla la del PIB, el principal factor responsable de los casos de éxito, en el crecimiento en las últimas décadas. Por otro lado, en el contexto de la globalización, está claro que un desempeño exportador exitoso requiere una inserción internacional también exitosa. Esta inserción por lo tanto es otro objetivo vital de la política comercial. Los países en desarrollo, en general, se encuentran convencidos de la importancia del sector externo y específicamente del desarrollo exportador. Las nuevas condiciones, sin embargo, son cada vez más difíciles para el logro del crecimiento liderado por las exportaciones. Dos factores principales son el proteccionismo de los países industrializados, por un lado, y los efectos, por lo menos cuestionables de la nueva ola de arreglos bilaterales de libre comercio (TLCs) que plagan el mundo de hoy, por otro lado. Los países adelantados han establecido, en general, aranceles de importación bastante bajos como resultado de las sucesivas reuniones internacionales para la liberalización comercial; bajo el paraguas del GATT en el pasado y ahora de la Organización Mundial del Comercio, OMC, su sustituto. (Para una exposición sobre la OMC y la reunión reciente de Seattle le invitamos a visitar a nuestra página web: synthesisci.com). Sin embargo, continúan practicando un claro proteccionismo comercial a través, frecuentemente, de procedimientos anti-dumping arbitrarios y de reglas de origen, que ha dañado severamente las posibilidades de los países en desarrollo de lograr mayores tasas de crecimiento a través del desarrollo exportador. A su vez, los acuerdos de comercio que ahora se practican se
caracterizan a pesar de su denominación corriente de Tratados de Libre Comercio -
por la observancia del denominado principio de reciprocidad, por el cual las
concesiones comerciales sólo se entregan por algo a cambio. En la medida en que el
criterio predominante para efectuar las concesiones es el de dar lo menos para recibir lo
más, no existe un propósito claro de proceder a una efectiva liberalización comercial;
peor todavía, el proceso es uno que estimula el lobby por parte de aquellos
que desean obtener, mantener, o incrementar la protección. Es por esto que algunos
autores han optado por denominar a estos acuerdos como Arreglos Preferenciales de
Comercio, APC (Véase el Recuadro No. 2). Por ser, más familiar para los lectores, aquí
utilizaremos la designación de TLC.
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